Editorial

Contexto social y racial en el surgimiento del pícaro venezolano (Parte I).

por @hlezama


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Saludos, estimada gente de Steemit,

Este trabajo es la introducción a una serie de posts sobre el pícaro en la cultura y literatura venezolana. Sus orígenes se remontan a la importación de mano de obra esclava durante la conquista y poblamiento de los territorios de las Américas descubiertos y reclamados por España. El pícaro español, inmortalizado en *El Lazarillo de Tormes*(texto anónimo de mediados de siglo XVI) se mezcló con el *trickster* africano que engendró equivalentes en la diáspora panafricana en forma de tortuga, araña, conejo y hombre. El sistema esclavista venezolano será el sustrato en el que el folklore africano echará raíces en tierras venezolanas abrazando toda la maraña de complejidades raciales, políticas, sociales y económicas que darán forma a nuestra identidad nacional.

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Mi descripción de las condiciones bajo las cuales la esclavitud se institucionalizó en Venezuela, y el papel de las rebeliones de esclavos derivadas de estas, estará basada en tres obras principales: Las Insurrecciones de los Esclavos Negros en la Sociedad Colonial Venezolana (1961) de Federico Brito Figueroa, Vida de Esclavos Negros en Venezuela (1967) de Miguel Acosta Saignes y The Decline and Abolition of Slavery in Venezuela: 1820-1854 (1971) de John V. Lombardi.

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La introducción de esclavos africanos en territorio venezolano empezó durante la primera parte del siglo XVI. Bajo tres sistemas diferentes (licencias, asientos, y compañías), los mercaderes españoles, portugueses, alemanes, holandeses e ingleses lucharon por el control del comercio de esclavos en el nuevo mundo. Sin embargo, la esclavitud nunca se convirtió en parte vital de la economía venezolana. De hecho, como colonia, Venezuela no podía competir por el interés de las autoridades españolas hasta la primera parte del siglo XVIII; Perú y México—con sus metales preciosos—eran territorios más rentables. De modo que la introducción de los esclavos negros se dio solo después de evidenciar que los nativos no eran aptos para, por ejemplo, pesca de perlas o minería (ya fuera porque no eran lo suficientemente fuertes o porque eran difíciles de domar y—conociendo su territorio—escapaban fácilmente); y sucedió en pequeñas cantidades (comparado con Brasil o Cuba). De acuerdo a algunas estimaciones, “para 1810 la población de esclavos en Venezuela difícilmente habría excedido 5%, y en las principales provincias agrícolas probablemente alcanzó 9 o 10%” (Lombardi 109). La constante fluctuación en los precios de los dos principales productos de exportación (cacao y café), los altos impuestos y sistemas de préstamos, junto con las constantes rebeliones de esclavos y creciente número de cumbes (también llamadas cimarroneras o rochelas), hicieron que los agricultores venezolanos estuvieran muy conscientes de que la esclavitud no era un sistema de trabajo sostenible. Desde finales del siglo XVIII, Brito Figueroa argumenta, “las relaciones esclavistas de producción comenzaban a ser sustituidas progresivamente por relaciones feudales de producción” (64).


Brito Figueroa ofrece algunas estadísticas interesantes de la población venezolana en la primera década del siglo XIX. De acuerdo a estos números, para 1810 los 87.800 esclavos de Venezuela constituían 9,7% del total de la población (cerca de 900.000 habitantes), los negros cimarrones representaban 2,6% (unos 24.000 esclavos fugitivos), y los negros libres y manumisos representaban 4% o cerca de 34.000 personas (12). Ahora bien, si consideramos que la mayoría de los negros venezolanos libres y manumisos vivían vidas cercanas a la esclavitud, debido al engorroso y disfuncional sistema de manumisión y las inflexibles condiciones laborales, podríamos contar un 13,7% de negros subyugados, los cuales, junto con los cimarrones totalizarían más de 145.000 personas (más del 16% de la población total). Si añadimos esto al 18% de indios (desde los tributarios hasta la población marginal) tenemos un explosivo 34% de población explotada. Digo “explosivo” porque fue esta población de gente de color (junto con los menos privilegiados pardos—Mulatos libres y con algo de poder económico; una suerte de pujante clase media o burguesía) lo que constituyó el grueso de los ejércitos de la guerra de independencia (tanto realista como patriota), los ejércitos de la Guerra Federal, y cualquier otro ejercito conformado entre “revoluciones.”


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Desde la Guerra de Independencia, la raza ha jugado un papel importante en el discurso usado para validar los conflictos. Todas las facciones en conflicto (Realistas y Republicanos primero, Liberales y Conservadores luego) jugaron la carta racial para conseguir apoyo. La élite temía una Guerra de castas y los políticos no hicieron más que contribuir a su paranoia. Winthrop Wright lo ilustra:

Antes de que tomaran control del gobierno en 1848, los Liberales incentivaron a los negros libres y esclavos a que se unieran a su causa al promocionarla como una campaña contra la oligarquía blanca conservadora. Después de su salida del poder, los Conservadores hicieron propuestas similares en busca de apoyo entre los negros. Abiertamente abogaron por rebeliones de esclavos y prometieron liberar a todos los esclavos una vez que retomaran el poder. (34)

En respuesta a las falacias conceptuales de algunos historiadores venezolanos, dos premisas definen el estudio de Acosta Saignes: no se encuentra ni inmovilidad ni paz en los más bien dinámicos y belicosos tiempos coloniales (viii); tiempos en que los esclavos eran “fuente siempre temida de rebeliones” (ix), Acosta Saignes afirma. De la rebellion de Andresote y José Leonardo Chirinos, Espinoza y Guillermo hasta de León y Pirela, los finales del siglo dieciocho pusieron la pauta para lo que sería la historia tórrida de un país que, incapaz de reconciliar las diferencias sociales y raciales, engendraría la más auto-destructiva generación de caudillos quienes, en nombre del orden nacional, enviarían a sus compatriotas (especialmente a aquellos cuyos derechos eran pisoteados) a absurdos y sangrientos choques.


Según Acosta Saignes, cualquier piedad o comedimiento en el tratamiento dado a los esclavos venezolanos a finales del siglo dieciocho no debe ser atribuido a nada sino a la temerosa respuesta de los amos españoles a la “conmoción europea” y las “voces enciclopédicas” que llegaron a las “playas venezolanas”. Había también el temor a las voces revolucionarias del Caribe, especialmente de Haití (xi). Como lo afirma Lombardi, los venezolanos “estaban bastante de acuerdo en el tema de los esclavos” (136). Coincidían que era una “institución económicamente decadente” y que era inmoral; pero pocos creían que los esclavos debían ser liberados sin compensación, y ningún gobierno (desde Páez hasta los Monagas) podía costear los más de tres millones de pesos que habría costado semejante medida (Lombardi 136).


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José Gregorio Monagas finalmente decretó la emancipación de los esclavos en 1854, pero lo hizo porque por un lado, las numerosas revueltas que habían sucedido los años anteriores habían sido de alguna manera políticamente manipuladas y los esclavos (al igual que otros grupos de color explotados) estaban respondiendo el llamado de cualquier partido que le ofreciera libertad y/o una mejora en su condición; por otro lado, porque “el costo de mantener la institución se estimaba mayor que el costo de eliminarla” (141). La ironía es que Monagas nunca pagó por complete la compensación a los dueños, otro acto de picardía para alimentar la desconfianza de una cultura que ya empezaba a inclinarse hacia el escepticismo.


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Gracias por su visita. No se pierda la segunda parte de este post.

Trabajos citados o consultados


Abrahams, Roger D. Ed. Afro-American Folktales. Stories from Black Traditions in the
New World. New York: Pantheon Books, 1985.
Acosta Saignes, Miguel. Elementos Indigenas y Africanos en la Formación de la Cultura Venezolana. Caracas: Instituto de Filosofia UCV, 1955?
—. Vida de los Esclavos Negros en Venezuela. Caracas: Esperides, 1967.
Arraiz, Antonio. Tío Tigre y Tío Conejo. Caracas: Monte Ávila Editores, 1980.
Brito Figueroa, Federico. Las Insurrecciones de los Esclavos Negros en la Sociedad Colonial Venezolana. Caracas: Editorial Cantaclaro, 1961.
Díaz Sánchez, Ramón. Cumboto. Caracas: Editorial Panapo, 1997.
—. Paisaje Historico de la Cultura Venezolana. Buenos Aires: EUDEBA, 1965.
Gallegos, Rómulo. Pobre Negro. Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1945.
Harris, Joel Chandler. Uncle Remus. His Songs and His Sayings. New York: Appleton’s 1910.
Lombardi, John. The Decline and Abolition of Negro Slavery in Venezuela. Westport: Greenwood, 1971.
Rivero Oramas, Rafael. El Mundo de Tio Cinejo. Caracas: Ekaré, 1999.
Sojo, Juan Pablo. Nochebuena Negra. Caracas: Editorial General Rafael Urdaneta, 1943.
Uslar Pietri, Arturo. La Invencion de America Mestiza. Mexico: FCE, 1996.
Wright, Winthrop R. Café Con Leche. Race, Class, and National Image in Venezuela. Austin: U. of Texas P., 1993.

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