Editorial. Periplos

Los gestos de la Muerte / Editorial
@adncabrera*
Equipo editorial de Periplos:
@adncabrera, Coordinadora
@alidamaria, @josemalavem, @nancybriti, @oacevedo
Diseño de logotipo: @octocel

El gesto de la muerte

Cuentan que un rico mercader, aficionado a los devaneos filosóficos y algo poeta, tenía un sirviente al que había llegado a amar por ser este hombre inteligente y de muchísimo talento literario. Quiso la fortuna que, así como lo había dotado de talentos, también lo hiciera contrahecho y tullido, de manera que el mercader justificaba sus servicios encomendándole pequeños mandados.
Iba, pues, este hombre gentil todas las mañanas al mercado a escoger con mano propia frutas y manjares para la mesa de su patrón. Gustos que también aprovechaba, ya que los consumían patrón y sirviente durante las demoradas tertulias que sostenían por las tardes sobre los más diversos, profundos, curiosos y entretenidos temas. Así, argumentaciones y reflexiones iban aderezadas de aromáticas pomarrosas, dulces chirimoyas, rojas y lustrosas ciruelas, doradas piñas y mangos…
Un día que perfilaba como cualquiera, nuestro criado escogía ciruelas en un puesto del mercado y notó, sin lugar a dudas, que una hermosa joven de ojos rasgados, muy bella, aun cuando sus labios le parecieron algo prominentes, lo miraba con intensidad y casi con descaro. Como quiera que el sirviente era hombre galante, ofreció con zalemas uno de los preciosos frutos a la joven. Esta lo rechazó con palabras educadas, al tiempo que se acercó y con dedo gélido tocó firmemente entre los ojos al sirviente.
Extático quedó nuestro galán, ido los sentidos, blanco el rostro. Cuando volvió en sí, la dama se había ido.
Corrió sin pudor el sirviente y, entre temblores, refirió a su patrón el extraño encuentro.
El mercader se movió velozmente para poner a salvo a su amigo, pues ambos en su corazón intuyeron la amenaza final implícita en el gesto de la dama. Fletó sin demora un bote que puso al sirviente en una propiedad que tenía en una aldea perdida en las orillas opuestas del golfo que habitaban.
Pasó un día con su noche, y pasó otro día.
El mercader, aburrido, leía una novela a la que iba perdiendo el gusto por no tener con quién comentarla. Decidió ir al mercado por manjares para tener a la mano de su sillón de terciopelo verde donde ahora leía en la soledad de su estudio. Pero también animado por el deseo inquino (y pueril) de confrontar a quien lo había privado de su dilecto amigo.
No tardó en encontrarla. La hermosa joven parecía esperarlo sentada reposadamente en un banco, disfrazada de tendera.
“Hermosa Dama”, inquirió entonces con el corazón atribulado el mercader (arrepentido por su estupidez antes de empezar), “fiel sin tacha entre todas, ¿merecía acaso el atrevimiento galante de mi amigo la amenaza que hace dos días le hiciste y que me ha privado de su afectuosa compañía? ¿Merezco yo acaso tu amenaza también por aventurarme a preguntártelo?”
A lo cual la Dama, despojada ya de su disfraz y exhibiendo su pálido rostro verdadero respondió:
“No amenacé a tu sirviente. Tan solo le di un motivo para alejarse del mercado, pues debía llevarte a ti desde este puesto de ciruelas y desde entonces te he estado esperando.”

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Periplos

El viejo gesto de la muerte, del cual nadie puede sustraerse, ha sido contado desde la antigüedad (se cree que las versiones más antiguas datan de la tradición judeo-talmúdica, hacia el siglo VI) por muchos autores, algunos tan notables con Jean Cocteau o Bernardo Atxaga. Con un relato sobre este gesto, acaso para repetir la estrategia pueril del mercader y pretender engañar a la venerable Muerte un poquito más, hemos querido abrir el sexto número de nuestra querida revista de Arte y Literatura, Periplos. En el despliegue de este gesto nos acompañan amigos de magnífica pluma, quienes nos muestran un abanico de formas en que la muerte se viste y puebla nuestras vidas. Nos acompañan:

Astículos

Misericordia/ @elelobos
La muerte es sólo la vida moviéndose de lugar / @isamaroon
Los escenarios de la Muerte. La conciencia de la muerte/ @leveuf
Memento ad Mortem / @juancar347
Hoy sobre mi tumba / @alidamaria
Un arte de anochecer / @josemalavem
Entre el láudano y el silencio / @oacevedo
La muerte en la salsa / @ramonochoag

Morir, vivir después de morir, escenificar la muerte, hacerla iconografía y artefacto, poetizarla y mecerla en cálido círculo, fundirse en su regazo de oscuridad, en su silencio, y, por qué no, cantarla… La muerte, esa sombra que nos recuerda el don precioso de la vida es homenajeada y escudriñada en esta edición.
Y como todo final es un comienzo, estrenamos la sección Velamen. Navegantes invitados, con la presentación de Visión y perfil. @oscarps por sí mismo.

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@EquipoCardumen los invita a este tránsito por la muerte hacia la vida.
¡Salud!

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**@adncabrera (Adriana Cabrera). Nacida en Cumaná, Venezuela, en 1969. Escritora y aficionada al dibujo y la pintura. Profesora de Teoría Literaria y Literatura Latinoamericana (Universidad de Oriente, Venezuela). Autora de Los nombres silenciosos (poesía, 1994), y de varias coautorías en los últimos veinte años. Sus artículos académicos, narraciones y poemas han sido publicados en revistas de Venezuela y Colombia.

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