José Malavé

Rilke o el desasosiego de la creación

por José Malavé

Apreciados lectores de Steemit, les presento esta vez un ensayo acerca de un aspecto polémico y difícil en el campo del arte: el conflicto de la creación; en este caso, vivido por uno de los más importantes autores de la literatura universal y moderna: Rainer Maria Rilke (1857- 1926), escritor checo (aunque Praga, su ciudad natal, para entonces pertenecía al imperio austrohúngaro, por lo que algunos lo consideran austríaco) con gran influencia en la poesía del siglo XX. Se le considera heredero de los más importantes aportes del Simbolismo. Su amplia obra, escrita en alemán, incluye libros en verso y prosa. Entre sus libros fundamentales pueden señalarse Libro de las horas, Nuevos poemas, Elegías de Duino y Sonetos a Orfeo, en verso; en prosa su peculiar Los cuadernos (o apuntes) de Laurids Malte Brigge y sus famosas Cartas a un joven poeta. Si estás interesado en saber más de su biografía y obra, puedes ir a este enlace.

Rilke, por Lou Albert-Lasard Fuente

He hecho algo contra el miedo.
He estado sentado toda la noche y he escrito.

R.M. Rilke. Los cuadernos
de Malte Laurids Brigge
.

I

Sabemos, por los apuntes biográficos de Rilke, que el deseo de concluir el ciclo de las Elegías de Duino*, iniciadas en 1912, generó uno de los momentos más difíciles en su proceso creador. La angustia de la espera, la lucha por la concentración, la búsqueda de las condiciones de soledad y tranquilidad propicias a su impulso poético lo habían conducido a distintos desplazamientos y residencias: Venecia, Toledo, Berlín, Viena, etc. A lo que había que añadir las preocupaciones generadas por el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial. El ciclo entrevisto desde aquel primer momento comportaba una zozobra espiritual y emotiva acerca de la cual había confesado: “Este giro de todas las energías, este cambio de dirección del alma no se hace nunca sin alguna crisis” (Carta a Merline, 18-11-1920).

Entre noviembre de 1920 y mayo de 1921 Rilke se estableció en el castillo de Bergam-Irchel (Suiza). En ese lugar que lo había “aceptado de manera natural y protectora”, bajo el resguardo que le provocaba el amor de “Merline”, como llamaba a Baladine Klossowska (Elisabeth Spiro, pintora polaca, que fuera la última novia o amante de Rilke, madre del pintor Balthus y del escritor Pierre Klossowski), y la extrema tensión poética que lo aguijoneaba, Rilke compuso un texto formado de fragmentos de cartas, apuntes y reflexiones, en el cual tocaba los profundos conflictos de la creación poética y los condicionamientos a los que está sometida. Este texto, publicado póstumamente (1974), recibió el título de El testamento, porque -como el autor anota- “probablemente (…) con tales opiniones, en su curiosa fatalidad, se expresa una voluntad que será su voluntad última (…)”.

Un retrato de Rilke pintado en 1928, dos años después de su muerte, por Leonid Pasternak. Fuente

II

Toda la obra poética y narrativa de ese espíritu expectante que fue Rilke está atravesada y acompañada por intensas meditaciones acerca de la labor creadora, en las que tienen resonancia los temas obsesivos de su penetrante personalidad: el amor, la soledad, la muerte, lo absoluto, el espacio interior, etc. Dentro de ese sentido se ubican Los apuntes de Malte Laurids Brigge (traducidos también como Los cuadernos de…), sus ensayos “Sobre el poeta” y “Sobre el joven poeta”, su epistolario, en especial sus conocidas Cartas a un joven poeta, y El testamento.

Como certeramente expresó Phillipe Jacottet en su estudio Rilke por sí mismo: “(…) se hizo a sí mismo haciendo su obra”. Rilke, recorrido por su necesidad de vivir / escribir, extrae de su experiencia un pensamiento poético sobre la creación, que es ante todo un modo de verse e interrogarse frente a su obra. Su experiencia se ha nutrido de la angustia del ser, del tiempo interior vivido, en la relación acompasada de su destino esencial, del desgarramiento tierno y terrible de su soledad. Al reconocer las claves de su poetizar en esa realidad individual y fundamental se encuentra y se hace a sí mismo. Reflexiona y habla su vida, su vida en la poesía, para decirnos de las disyuntivas del escribir y el existir.

Foto propia

A lo largo de su proceso como escritor, Rilke labra su “teoría poética”, la cual podría sintetizarse en las siguientes ideas: la soledad como premisa básica de la creación, el poema como resultado del trabajo artesanal, la transmutación de los sentimientos en experiencias, la actitud de aceptación frente a la revelación (que es una entrega casi religiosa), la transfiguración de lo visible en invisible –tarea máxima del poeta-, la necesidad de profundizar en la percepción de lo más sutil, el impulso poético como esfuerzo hacia el Ser.

III

La vida de Rilke tiene su centro deseado en la creación; en ella alcanza su plenitud inestable, y en su ausencia la crisis se hace carne. Así lo subrayará en diferentes momentos, como en su carta del 8-8-1903 a Lou Andreas-Salomé, su “puerta a la libertad” y su cómplice: “(…) cuando creo, soy auténtico, y quisiera encontrar energía para fundar mi vida enteramente sobre esta verdad, sobre este infinito gozo y sencillez que a veces me da.”

La creación no tendrá para él el carácter de una afición, de una ocupación de ratos libres. Por el contrario, tomará el sentido de la faena más dura, la fibra del nervio vital, el riesgo que trasiega la polaridad vida-muerte, la tarea de la trascendencia interior. En carta a su esposa Clara Westhof (8-4-1903) leemos: “Cada uno debe encontrar en su trabajo el centro de su vida y desde allí crecer, en irradiaciones, tan lejos como le sea posible”.

Lou Adreas-Salomé en 1914 Fuente

Como bien acota Jaccottet, en Rilke la necesidad de escribir era indesligable de la urgencia del vivir, y ello supuso siempre un conflicto dilatado hasta la desesperación. El desequilibrio entre la creación y la vida fue una herida abierta que en su desgarrada conciencia se acentuaba como un abismo. Así escribe en carta a la condesa Mirbach-Geldern (10-3-1921): “Todo el mundo acaba por vivir un conflicto en la vida (…), el mío es hacer compatible la vida con el trabajo en el sentido más puro; cuando se trata del trabajo infinito e inconmensurable del artista, ambos sentidos vuelven a oponerse.”.

El conflicto se encima a la voluntad, se impone como reto cotidiano contra la sequedad y las trampas emocionales, asumiendo las apariencias de un sino insobornable. Por eso afirma en carta a la princesa Marie von Thurn (17-2-1921): “A la postre, es siempre este último conflicto, inconciliable en mi experiencia, entre vida y trabajo, el que tengo que superar en distintas variaciones nuevas y singulares, y casi no logro sobreponerme a él.”.

IV

En el corazón del conflicto entre vida y creación experimentado por Rilke, tiene lugar una implacable tensión entre amor y trabajo (creador), y es ese dilema el que abarcará los apuntes de El testamento. Una compleja red de complicaciones conforma esta tensión; uno de sus presupuestos esenciales, la soledad, adquiere un rol protagónico: “Debo vivir sin fronteras dentro de dicha soledad (…) como al lugar al que pertenezco”. También “el disgusto por lo no realizado” actúa como óbice grave, pues en los momentos en que escribe El testamento vive la desazón de concluir las Elegías, su obra capital. En esas circunstancias resurge el amor, representado en la persona de la pintora Baladine Klossowska, como un nudo problemático en su conciencia y en su cuerpo, como otras veces se le había manifestado. La fuerza de amar parece discordar con la honda necesidad de crear: “las dos felicidades extremas”. Así, sus reflexiones se colman en preguntas:

Rilke y su amante, Baladine Klossowska en Suiza (1923). Tuvieron un intenso pero episódico romance que duró desde 1919 hasta la muerte de Rilke en 1926. Fuente

¿Existía la amante que no fuera un obstáculo, que no le retardara ni le desviara hacia las estancias del amor? (…) ¿La bienaventurada que estuviera de acuerdo con su gran abandono de ser arrojado y que no pensara sustraerlo y guardarlo en la intimidad secreta…?

No hace mucho escribías también que yo no pertenecía a aquellos a quienes el amor puede consolar. Así es. Porque, ¿qué otra cosa me sería más útil, en definitiva, que una vida consolada?

A partir de la revelación que se le ofrece en su entorno, Rilke encauzará su aprehensión del amor hacia una suerte de vertiente inmanente a su vida, como un destino en consumación: “Mi vida es una singular especie de amor, y éste es ya algo hecho (…) los esfuerzos de mi corazón están ya gastados y transformados en un acontecer definitivo”. Este “acontecer definitivo” que da a su vida ese espíritu de absoluto no parece ser otro que la creación, fuerza de “profundísima felicidad solitaria” que el poeta ha instalado en el primado de su voluntad. De este modo, la escisión entre amor y trabajo creador se absorbe en sí misma, como el espacio exterior en el interior: “(…) sin lugar a dudas, como he sabido ya de una vez por todas, mi trabajo es amor. ¡Qué simplificación! Y sin embrago, éste es, de hecho (…), el único conflicto de mi vida”. Pero este trabajo, para que sea prueba, debe hacerse completamente naturaleza en el poeta, necesidad de afirmación.

Rilke en 1900, a los 24 años Fuente

La escisión entre amor y trabajo cobra finalmente en las reflexiones de El testamento una atractiva e intrincada corporeidad dialéctica, en la que Rilke intenta darle una aparente resolución y con lo cual concreta su primordial asentimiento, piedra fundante de su desasosiego:

El principio de mi trabajo es una apasionada sumisión al objeto que me ocupa, al que, dicho con otras palabras, pertenece mi amor.

La inversión de ese sometimiento acaba produciéndose, de un momento insospechado para mí mismo, en el acto creador que surge de pronto dentro de mí…

Así la experiencia amorosa aparece como una forma subalterna, en cierto modo atrofiada, incapaz de la experiencia creadora, como una degradación de la misma…

Referencias bibliográficas

Jaccottet, Philippe (1975). Rilke por sí mismo. Venezuela: Monte Ávila Editores.
Rilke, Rainer M. (1985). El testamento (5ta. edición). España: Alianza Editorial.
Rilke, Rainer M. (1988). Los apuntes de Malte Laurids Brigge. España: Alianza Editorial.
Rilke, Rainer M. (1985). Teoría poética. España: Ediciones Júcar.

Agradecido por su tiempo y atención.

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