Antonio Machado: Primavera
Ciatrio nº 8

Antonio Machado: Primavera / @gracielaacevedo

Amigos:

Es un gusto para mí participar en esta edición de Citario de @equipocardumen, con este fragmento del poema Retrato del poeta español Antonio Machado:

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Del poemario: Campos de Castilla

La poesía de Machado siempre me remite a mi infancia.

No recuerdo cuándo hice contacto con ella.

Tal vez llegó en la voz de mi madre, recitada en versos sueltos (mamá recitaba, sin son ni ton, versos de poemas): “La plaza tiene una torre, la torre tiene un balcón”, soltaba ella, sin solución de mediación, al atravesar una plaza. Al despedirme por la noche podía decir: “Era un niño que soñaba un caballo de cartón”; yo, de su mano, o a su lado, no entendía que quería decir, pero la escuchaba sin preguntar, hipnotizada tal vez por el trasparente sentido de esas palabras…

Fuente

Cuando mi hermano mayor llevó a casa el longplay de Joan Manuel Serrat que rinde homenaje a Antonio Machado, reconocí aquella cadencia, aquellas imágenes como si formaran parte de un recuerdo propio. Después entendí, leyendo sus libros, cuánta letra y sentimiento le dedicó Machado a sus recuerdos infantiles.

Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.

Su obra, sin considerar su inmenso valor literario, es un ejemplo de la bondad humana, de amor, a la vez que una fuente de consideraciones filosóficas:

Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.

Fuente

Una obra que invita a la contemplación del mundo. Particularmente no puedo concebir el mundo sin su poesía embellecedora, principalmente la que contiene una visión infantil; sin ella todo sería más tosco, menos sutil, más pesado:

Yo amo los mundos sutiles
Ingrávidos y gentiles
Como pompas de jabón.

La historia de Machado lo arrancó de su país al que nunca dejó de imaginar con los más bellos colores, hasta que lo alcanzó la muerte: “Estos días azules y este sol de la infancia” fueron sus últimos versos. En cierto sentido ellos resumen su pensamiento, el cual, como en un rondó, juntó cada momento de su vida con sus sentimientos infantiles.

Me despido, agradeciendo la amabilidad de su lectura.


Me despido, agradeciendo la amabilidad de su lectura.

@gracielaacevedo (Graciela Acevedo) es socióloga, por la Universidad de Oriente, Venezuela, Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela. Profesora universitaria jubilada, mantiene intereses de investigación centrados en la línea de la religiosidad y discursividad social. Es autora del libro Religiosidad a inicios del tercer milenio, editado por la Editorial Académica Española. En la actualidad ejerce como Psicoterapeuta psicoanalítica, mientras intenta hacer relatos y disfrutar de la afición por la fotografía.

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