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Cuentos Folklóricos, Raza y Lucha de Clase en la Literatura Afro-Venezolana. Parte IV

por Henry Lezama

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Saludos a todos
Gracias por acompañarnos en el desarrollo de este tema. Veamos ahora qué papel juega Tío Conejo en el desarrollo de la novela Cumboto.
Pueden revisar las publicaciones anteriores en los siguientes enlaces:

Parte I:
https://steemit.com/steempress/@equipocardumen/astrolabiocuentosfolklricosrazayluchadeclaseenlaliteraturaafro-venezolanaporhlezama-0d8ax2gvmp

Parte II:
https://steemit.com/steempress/@equipocardumen/astrolabiocuentosfolklricosrazayluchadeclaseenlaliteraturaafro-venezolanaparteiiporhlezama-v5quxgukxf

Parte III:
https://steemit.com/steempress/@equipocardumen/astrolabiocuentosfolklricosrazayluchadeclaseenlaliteraturaafro-venezolanaparteiiiporhlezama-78z4szfgb1


Conejo Cum-boto!

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Cumboto es una plantación llamada así por una anécdota de unos esclavos prófugos de las Antillas quienes, cuando le preguntaron cómo llegaron a las costas venezolanas, respondieron “cum-botos! cum-botos!” para decir “en botes” (Diaz Sanchez 10); o quizás fue por la onomatopeya del sonido de los tambores. Este pueblo es el escenario de una historia de tres generaciones de venezolanos y su búsqueda de identidad. Es también una historia de ídolos rotos, violencia racial, tragedias causadas por el mestizaje y esperanza. Un relato más íntimato que Pobre Negro, Cumboto busca dar una visión del mundo negro desde una perspectiva negra, con todas sus contradicciones. El narrador, Natividad, es un esclavo doméstico que, a pesar de su domesticidad y carácter blanqueado, confiesa, “En mi niñez y luego, hombre ya, muchas veces sentí la tentación de echarme a andar por los bosques, seguir el hilo de los ríos y perderme en lo más oscuro de la selva, para descubrir los antiguos refugios de aquellos primeros negros, guaridas oscuras donde la naturaleza palpita con el corazón de los grandes tambores; caminos donde todavía se siente el áspero olor de los cimarrones” (10).


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Natividad, cuyo origen es un misterio en la novela, crece junto a Federico, el hijo del dueño de la plantación. Desde temprana edad adopta la cultura de los amos blancos y, hasta cierto punto, ascenderá en la escala social, pero siempre le recordarán su color y lo que este significa en el orden social. En una ocasión, Natividad, quien miraba desde una distancia prudente las lecciones de piano de Federico, se escabulle durante un receso para dibujar con Federico mientras Frau Berza, la institutriz estaba ausente. Esta escucha a Federico reírse de los “burros azules” que Natividad había hecho mientras trataba de dibujar las hojas de una mata de níspero. “Este no es tu lugar. Vete a limpiar el piso,” le dijo la institutriz a Natividad (16-17), y desde entonces él entendió que había líneas que no debía cruzar. De ahí en adelante, como dice el narrador, su mundo se volvió negro.


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Como algunos relatos y novelas de autores afro-americanos, Cumboto puede leerse como una visión romántica o sentimental de la esclavitud. Así es como Natividad describe al abuelo materno de Federico: “[Don Lorenzo, cuya voluntad era ley] amonestaba y castigaba a los culpables, imponiéndoles incluso ciertas penas corporales que las leyes de la República habían proscrito por infamantes, como los azotes y el cepo. Sin embargo, los habitantes de Cumboto respetaban a don Lorenzo y le obedecían como a un buen padre” (11). Pero, al igual que cualquier relato de esclavos y/o novela afro-americana, Cumboto también ofrece las complejidades, interacciones y evoluciones de los personajes.


Uno de los primeros personajes que Natividad conoce, y quien le da una visión de lo que significa ser un negro venezolana es Cervelion. “Lo negro tenemo que conocé mir maña pa defendeno,” le dice a Natividad. “Tú estáj metío entre lo blanco, pero ere negro pol lo cuatro costao y ello no van a enseñate nada de lo que saben; así e que tienej que comé avispa si quierej viví como un hombre” (13). El otro personaje importante en la historia es la Abuela Anita, quien vive con su hijo, Ernesto, y sus dos niños, Pascua y Prudencio. Pascua se convertirá en un personaje clave en la novela. Natividad conoce a la Abuela Anita y a Federico en una de sus aventuras en el río. La vieja siempre lamentaba que uno de sus hijos la abandonara porque “se casó con una blanca y que pa mejorá la raza” (28). Esta octogenaria ex-esclava se convertirá en la fuente de la historia negra y blanca para Natividad. En un baúl Anita guarda un museo de objetos, cada uno de las cuales cuenta una historia y aclara misterios.

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La historia de Cumboto se desencadena cuando el padre de Federico mata a Cruz Maria, el hijo de Cervelion, por tener un romance con Frau Berza, la institutriz. Para compensarle la pérdida, Don Guillermo manda a Natividad a vivir con Cervelion. Sera en casa de Cervelion que Natividad tundra sus encuentros más traumáticos con la cultura negra. Uno de estos eventos es la brujería que Cervelion, su hermano, Roso, Venancio el pajarero y otros amigos le harán a Don Guillermo. Este incidente sobrenatural causa la muerte del padre de Federico unos días después de haber matado a Cruz María. Federico es enviado a Europa con su hermana y esta situación obliga a Natividad a sumergirse más en la cultura que hasta ahora había rechazado.

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Durante este tiempo, Natividad trata de racionalizar las historias que le cuentan y las cosas que ve en la comunidad negra. Por un lado está la Abuela Anita contando sus historias de demonios y apariciones blancas y negras:

La Abuela Anita ignoraba el civilizado mundo de las leyendas de hadas donde los príncipes se casan con pastorcillas después de rescatarlas de los hechizos de alguna bruja perversa, mucho más esa literatura donde se mueven seres tan refinados como la Caperucita Roja, Blanca Nieves o Robinson Crusoe. Las suyas eran verdaderas historias, hechos de los cuales podía dar fe jurada, manifestaciones de un universo que no por estar más allá de lo perceptible era menos real que el universo donde nos movemos todos los días. (31).


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Así, a pesar de su incredulidad, influenciado por sus años bajo el techo del amo blanco, Natividad deja que esta visión alternativa del mundo exista y lo nutra, aún cuando él no se convierta en participante activo de la misma. “La abuela poseía toda una teoría de los sobrenatural, teoría primitiva, simplista, pero no por ello menos definida” (32).


Por otro lado, estaba Venancio el pajarero, un cuenta cuentos consumado, y aún así un personaje enigmático, capaz de acciones viles. Aunque Venacio “conocía toda clase de cuentos,” los cuentos de pícaro eran una parte importante de su repertorio. “Las hazañas de Tío Conejo y Tío Tigre resultaban interminables y [el] las conocía todas;” también conocía y contaba los cuentos de Pedro Rimales (también conocido como Rimal o Grimales, derivación de Pedro de Urdemalas, el famoso pícaro de la tradición oral española). Venancio cuenta la historia de cómo Pedro Rimales se quedó en el cielo hacienda reír a Dios. Lo que causa la risa de Dios es la habilidad de Rimales para engañar a San Pedro. Rimales incita a San Pedro a tomar su lugar en las puertas de cielo donde se había atorado y era picado por abejas. Le dijo a San Pedro que eran cosquillas lo que le estaban haciendo. El tonto de San Pedro, como era de esperarse, exigió en lugar de Rimales y las abejas lo aguijonearon tanto que Dios no paró de reír. “Esta índole de cuentos y aquellos donde Tío Conejo burla a Tío Tigre y le induce, por medio de tretas muy ingeniosas, a machacarse los testículos o quedarse sin piel, hacían reír a los negros” (53). En Cumboto, un mundo de supersticiones, muerte, temor, apariciones, etc., los cuentos picarescos buscan entretener, producir risa.


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Pero, nos enteramos más adelante, Venancio es también un ex-marrón, un ex-rebelde, un ex-guerrillero. Cuando Roso aparece, Venacio, que es amigo cercano de Roso, cambia sus cuentos de risa por cuentos de guerra. “Ya no se habló más de almas en pena ni de Pedro Grimales y Tío Conejo, sino de una grande y dura guerra en la que los dos amigos habían participado” (54). Natividad relata entonces un catálogo de atrocidades Roso y Venancio cometieron durante lae Guerra Federal. “Ah diablo malo este negro Roso que llegó a ser sargento nada menos que en la guardia personal del general Zamora. ¡Ah negro endiablado, cará! Cuando el catire Zamora asaltó El Palito y derrotó ahí al bravo coronel Pinto, casi todos los que le acompañan eran negros de este litoral.” Esto, junto con su previa descripción de la cultura negra, siempre en relación a la blanca, hace que la percepción completa de su raza sea problemática. “Yo no era muy buen soldao,” añadió Venacio, “pa que lo voy a negá? Pero tenía que echá pa lante como to el mundo. Cuando bebía aquel aguardiente con pólvora que nos daban antes de comenzá la pelea, me volvía un demonio. Y me aprovechaba…saqueo libre…patateo…” (55-56). Patatear, clarifica el narrador, significaba perseguir a las mujeres, buscarlas en las habitaciones; sacarlas de debajo de las camas, de los armarios; arrancarlas de los altares frente a los cuales rezaban, arrebatárselas a sus madres para poseerlas una tras otra. Honesta como esta descripción puede ser, en el mundo de Diaz Sanchez los demonios negros parecen ser los peores (56). El punto de vista limitado del narrador hace que esta historia carezca de las complejidades socio-políticas del Pobre Negro de Gallegos.


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Al final de la historia Federico regresa de Europa y trata a Natividad con indiferencia. Natividad se convierte en su sombra, no obstante, como él mismo los describe, y es testigo de cómo Federico cae presa de los encantos de Pascua (ahora una hermosa mujer). Tienen un tortuoso romance, pero ella es obligada a irse y Federico no volverá a verla. Federico se entera luego que Cruz María era en realidad su medio hermano, fruto del romance ilegitimo de su madre, Doña Beatriz, con su profesor de piano mulato. Al final de la historia un joven visitante de aspecto familiar llega a casa de Federico. Natividad, ahora un anciano y aún la sombra de Federico, orgullosamente es testigo de la unión de padre e hijo en el piano; el primero tocando los clásicos, el segundo improvisando algunos tonos africanos; el mestizaje musical sugiriendo el destino último de Venezuela; uno que sin embargo, a diferencia de los cuentos de Tío Conejo, no hace reír a mucha gente.


Continuará…

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Obras Citadas o Consultadas

Arraiz, Antonio. Tío Tigre y Tío Conejo. Caracas: Monte Ávila Editores, 1980.

Díaz Sánchez, Ramón. Cumboto. Caracas: Editorial Panapo, 1997.

—. Paisaje Histórico de la Cultura Venezolana. Buenos Aires: EUDEBA, 1965.

Gallegos, Rómulo. Pobre Negro. Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1945.

Lewis Marvin. Ethnicity and Identity in Contemporary Afro-Venezuelan Literature. Columbia: U. of Missouri P., 1992.

Piquet, Daniel. La Cultura Afrovenezolana. Caracas: Monte Ávila Editores, 1982.

Ramos Guedez, José Marcial. El Negro en la Novela Venezolana. Caracas: UCV, 1980.

Sojo, Juan Pablo. Nochebuena Negra. Caracas: Editorial General Rafael Urdaneta, 1943.

Wright, Winthrop R. Café Con Leche. Race, Class, and National Image in Venezuela. Austin: U. of Texas P., 1993.


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