Cuentos Folklóricos, Raza y Lucha de Clase en la Literatura Afro-Venezolana. Parte V.

por Henry Lezama

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Saludos a todos
Gracias por acompañarnos en el desarrollo de este tema. Llegamos al final de esta serie con la tercera novela, Nochebuena Negra, en la que Tío Conejo juega un papel importante en el desarrollo del discurso racial de la misma.
Pueden revisar las publicaciones anteriores en los siguientes enlaces:

Parte I:
https://steemit.com/steempress/@equipocardumen/astrolabiocuentosfolklricosrazayluchadeclaseenlaliteraturaafro-venezolanaporhlezama-0d8ax2gvmp
Parte II:
https://steemit.com/steempress/@equipocardumen/astrolabiocuentosfolklricosrazayluchadeclaseenlaliteraturaafro-venezolanaparteiiporhlezama-v5quxgukxf
Parte III:
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Parte IV:
https://steemit.com/steempress/@equipocardumen/astrolabiocuentosfolklricosrazayluchadeclaseenlaliteraturaafro-venezolanaparteivporhlezama-u2ih6kxc51

Conejo de Nochebuena Negra

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Nochebuena Negra, de Juan Pablo Sojo (1943), ha sido elogiada como “la afirmación ficcional más importante de la cultura negra publicada hasta la fecha en Venezuela” (Lewis 2). Comparte los mismos elementos artísticos y sociales de la mayoría de las novelas venezolanas sobre el tema (realismo mágico, costumbrismo, referencias históricas, mestizaje, mulatos trágicos, etc.); sin embargo, el enfoque de Juan Pablo Sojo no privilegia a la cultura blanca; por el contrario, Sojo considera la posibilidad de preservar las tradiciones afro-venezolanas, y critica la cultura dominante por perpetuar la brecha socio-económica y sucumbir al “whiskey, bailes, tenis y elegancia. Toda una historia de una Sociedad” (176).


Luis Pantoja, el recién llegado administrador en la hacienda de los Sarabias, es sobrino de Don Gisberto. Su nombramiento es una sorpresa para Crisanto Marasma (el mayordomo). Este se siente burlado porque Don Gisberto no había cumplido la promesa de darle a él ese cargo. Crisanto es el padre de Pedro y Deogracia. Pedro, el hijo progresista que se fue de Barlovento en busca de una educación y una mejor vida en la capital, se convierte en un personaje clave en la novela. Se va a enamorar de Consuelo, la sobrina de Don Gisberto. Este romance, debido a conflictos raciales y de clase, será prohibido y los dos amantes tendrán que amoldarse a las normas sociales y continuar sus vidas cada uno por su lado.


Pero, este romance es marginal a los más transcendentales eventos en la novela. Se cuentan al menos cinco historias paralelas y todas están inter-conectadas por las tensiones raciales y de clase que mueven el mundo de estos personajes. Leemos como un déjà vu, frases que resuenan de otros textos afro-venezolanos: “todos eran gentes ingenuas, ‘pobres negros’ de barlovento” (16); “El alma de los negros, es como el alma de las fuentes cantarinas, clara y bullidora” (17); “nunca terminaba de pagar los ciento cincuenta pesos que el Dr. Goyo pagó por mí…” (42); “Es el oficio que ha evolucionado en ellos una raza de peones de tala, o de cercenadores de cabezas en los asaltos de las guerras civiles” (44); o “El indio es vil hasta morir” (78).

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Así, de la misma forma en que vemos una feroz animosidad contra los zambos en Pobre Negro, en Nochebuena Negra estos ataques están dirigidos contra los indios. Y, es precisamente a través de un cuento de Tío Conejo que el autor elige poner la escena que va a definir el tono de la novela. Lino Bembetoyo es el Negro Malo de la novela de Sojo. Es un negro lujurioso, y orgulloso de ello. Odia a los blancos tanto como a los indios; pero su animadversión por los indios viene más por ignorancia y prejuicios que por experiencias reales. Guaraco, su cuñado, es un indio. Era un caporal en la hacienda del Dr. Goyo. “De la hacienda se vino huido después de cruzar el Tuy a nado y aparecerse en el rancho de Lino…” (27). Lino podía esconder a su pariente político para que no lo encontraran en días, pero no toleraba la burla de Guaraco.

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Así que durante una reunión en su casa, Lino decidió vengarse de Guaraco, quien había sutilmente alertado a su hermana sobre el coqueteo de Lino con una de las invitadas (28). “Esta era una historia de cuando los animales hablaban,” comienza Lino. Conejo, que era el más indio de la manada, por su astucia, fue donde Papa Dios y le dijo…” Así, Lino cuenta su versión de cómo conejo obtuvo sus orejas largas. El conejo, según Lino, habiendo completado las tareas, a pesar de sus desventajas físicas, se ganó la advertencia de Papa Dios: “‘Indio y conejo son la misma cosa por la astucia! Si te hago grande, m’hijito, que sería de los otros animales, cuando siendo tu tan pequeño has hecho todo lo que te pedí?’…Por eso es que no hay que fiarse ni de conejo ni de indio!” Lino concluye.


Como lo mencioné al comienzo de la serie, la sonrisa de Guaraco tenía que ver con los elogios que escuchaba de su jefe, el doctor Goyo. Él, que había trabajado para el doctor, sabía qué tipo de pícaro era Goyo. Después que Guaraco le cuenta a Lino los detalles de cómo el Dr. Goyo se hizo rico “a fuerza de exacciones y despojos criminales,” y todas las cosas que él sufrió, “Lino comprendió el odio y el desprecio que se escondía tras aquella risa del indio. Guaraco tenía corazón de hombre” (43).

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Al permitir que Lino y Guaraco se conviertan en aliados contra un enemigo común, Sojo denuncia la perniciosa práctica de divide-y-conquistarás subrepticiamente impuesta por siglo de colonización racista. El hecho de que la animosidad entre los grupos no blancos pueda llevarlos a recurrir a lo que pudiera usarse de otra manera, como su héroe folklórico, para denigrar unos de otros, demuestra los extremos a los que las ideologías dominantes y el esencialismo clasista/racista permea las capas más fundamentales de las manifestaciones culturales para volverse parte de la psique de los explotados.

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A pesar de la supuesta ausencia de racismo en Venezuela, sabemos que el discurso colonial estableció las bases para un profundo desprecio por cualquier color de piel diferente al blanco y que, “interpelados” por este discurso, tanto blancos como no-blancos (mestizos, negros, indios y zambos —probablemente en ese orden jerárquico) se han atacado históricamente o (en el mejor de los casos) competido entre sí. Los cuentos de Tío Conejo han sido parte de esta dinámica; el personaje ha sido tomado por múltiples voces, para diversos propósitos; se ha convertido, entonces, en una especie de espacio liminal, la herencia querida/rechazada, asociada en ocasiones con la parte mejor/más subversiva de las raíces venezolanas, pero a menudo con lo que los venezolanos, como buena nación post-colonial, piensan es lo peor de su mezcla de razas: la astucia del indio, la flojera del mulato, la desconfianza del zambo.


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Obras Citadas o Consultadas

Arraiz, Antonio. Tío Tigre y Tío Conejo. Caracas: Monte Ávila Editores, 1980.

Díaz Sánchez, Ramón. Cumboto. Caracas: Editorial Panapo, 1997.

—. Paisaje Histórico de la Cultura Venezolana. Buenos Aires: EUDEBA, 1965.

Gallegos, Rómulo. Pobre Negro. Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1945.

Lewis Marvin. Ethnicity and Identity in Contemporary Afro-Venezuelan Literature. Columbia: U. of Missouri P., 1992.

Piquet, Daniel. La Cultura Afrovenezolana. Caracas: Monte Ávila Editores, 1982.

Ramos Guedez, José Marcial. El Negro en la Novela Venezolana. Caracas: UCV, 1980.

Sojo, Juan Pablo. Nochebuena Negra. Caracas: Editorial General Rafael Urdaneta, 1943.

Wright, Winthrop R. Café Con Leche. Race, Class, and National Image in Venezuela. Austin: U. of Texas P., 1993.


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